marzo 16, 2018

La inversión en el conocimiento tiene retornos favorables

Este breve artículo está basado en la publicación que hicieron Paul A. David y Dominique Foray para la Organización de Estados Iberoamericano (OEI) con el tema, “Una introducción a la economía y a la sociedad del saber”*. Analizaré como el conocimiento a través de la innovación y creación lleva al crecimiento económico y como este se puede convertir en un potencial importante para la inversión en investigaciones más amplias que produzcan nuevos conocimientos. Es una especie de interacción cíclica entre la inversión en generación de conocimiento, la innovación y crecimiento económico. 

Después de leer el artículo y ver como se da la dinámica entre el saber y la economía, que el tema “introducción a la sociedad del saber cómo fuente de crecimiento económico” seria más adecuado o encajaría mejor, siendo que el conocimiento es primero (en cualquier sentido que se estudie tradicional, artístico, científico, tecnológico, histórico, etc.) y la economía es la resultante de él. David y Foray plantean que desde su evolución fundamental no debe ocultar la importancia creciente de las actividades de ciencia y tecnología. Si la economía fundada en el conocimiento no debe reducirse a la alta tecnología, los nuevos sectores, que han producido un fuerte efecto de arrastre desde hace algunos decenios al impulsar la tasa de crecimiento medio de toda la economía, se caracterizan por cierto centralismo de la ciencia y la tecnología (farmacia e instrumentación científica, tecnología de la información y de la comunicación, aeronáutica, nuevos materiales). Este posicionamiento pareciera ingenuo, aunque no lo es, pues mientras más claro tenemos cual debe priorizar en el estudio sabremos mejor el camino que debemos recorrer. Invertir en el conocimiento es fortalecer la economía. 

El desarrollo del conocimiento que el Siglo XX generó ha sido uno de los motores (turbinas) más potente que la historia del saber humano ha tenido, los descubrimientos e invenciones que se hicieron servirán de sustento por muchos años y a las próximas generaciones. Sin embargo estos conocimientos para mantenerse robustecidos tienen que ser alimentados, las naciones, culturas, sociedades o empresas que se apropien de ellos e innoven sobre sus bases serán las afortunadas de esta y las próximas generaciones. David y Foray manifiestan: 

Ahora bien, gran parte del capital intangible está constituido por inversiones en capacitación, instrucción, actividades de I y D, información y coordinación, es decir, por inversiones consagradas a la producción y a la transmisión del conocimiento. La otra gran partida del capital intangible corresponde a los gastos en salud, es decir, a inversiones que mejoran las características físicas del capital humano. En los Estados Unidos hacia 1973 las reservas de capital intangible - consagrado, por consiguiente, a la creación de conocimientos y al capital humano - superan a las reservas de capital tangible (infraestructuras y equipos físicos, existencias, recursos naturales). 

Esta aclaración nos llevan a entender que las inversiones en la producción de conocimiento humano tiene mejores garantías que cualquier otra en el sector productivo. Es obvio que estas inversiones implicarán una cuantiosa suma del capital disponible (total) en la investigación y desarrollo de innovaciones en cualquier dimensión que se quiera hacer. Pero está demostrado que las revoluciones que producen las innovaciones son retributivas y no solo en el ámbito económico sino también en el ámbito social y cultural (esta posicione la mantienen la mayor parte de los pensadores sobre el tema: Schumpeter, Quintanilla, Godin que llevo el concepto de innovación a la esfera mercantil, Drucker, etc.). 

Conocimientos para la innovación 

No todo “conocimiento” es innovador (aunque sea nuevo para algunas personas) ni produce frutos económicos, este tipo de conocimiento le podría llamar novedad circunstancial. Pero nos interesa, en esta parte y para los fines que perseguimos el que tiene fines determinantes para el crecimiento económico, ósea conocimiento pragmático. Existen diferentes formas de adquirir conocimiento y producirlo, pero el conocimiento que tiene plusvalía para las innovaciones es un conocimiento codificado y objetivo, el cual demanda un rango alto de cognición sobre lo estudiado, es muy diferente al torrente de información que se adquieren a través de las redes o los medios de comunicación en la sociedad actual. 

David y Foray distinguen el conocimiento de la información, de manera que poseer conocimientos, sea en la esfera que sea, es ser capaz de realizar actividades intelectuales o manuales. El conocimiento es por tanto fundamentalmente una capacidad cognoscitiva. La información, en cambio, es un conjunto de datos, estructurados y formateados pero inertes e inactivos hasta que no sean utilizados por los que tienen el conocimiento suficiente para interpretarlos y manipularlos. Esta diferencia asume todo su sentido cuando nos interrogamos acerca de las condiciones de reproducción del conocimiento y de la información. Si se quiere lograr innovaciones importantes deben crearse políticas claras sobre el tipo de conocimiento que se quiere desarrollar en la sociedad, tomando en cuenta el costo que esto implicará debe encausarse con efectividad. 

El conocimiento y la economía 

En esta parte David y Foray van a identificar como la sociedad del saber que domina las esferas públicas y privadas hacen posible la producción de conocimiento a un menor costo. Alegan que: “Hay casi una paradoja de la memoria puesto que nuestras sociedades tienen a su disposición tecnologías de almacenamiento y memorización que nunca han sido tan potentes, mientras que su memoria parece amenazada”. Estos cambios tecnológicos que se han producido en las últimas décadas han reconfigurado la manera de pensar, vivir y organizarse las sociedades, convirtiéndose en una parte más en el conjunto tecno-mundo produciendo conocimiento casi sincronizado con el fluir de las informaciones. Todo este aparataje se convierte en una oportunidad económica – en tiempo y en recurso – para la sociedad. 

El aprovechamiento estratégico de estas fuentes (informativas) aplicadas a las investigaciones científicas tecnológicas y la divulgación de las mismas, produciría una disminución significativa en las inversiones económicas de I+D+i. Para las instituciones, las empresas, las sociedades, etc., a medida que se hace más grande el cúmulo de información el torrente por donde transitan se expande (la Internet, los medios de comunicaciones aumentan su nitidez) dándoles posibilidades más económica para la adquisición de ellas. Estas informaciones decodificadas generan descubrimientos que ayudan a la producción de conocimientos. 

Por último, a pesar de la brecha digital y escasez de recursos que existen en el mundo, podemos decir que los países en vía de desarrollo que más han escalado en las competencias del mercado internacional, ha sido porque han aprendido a aprovechar el conocimiento, invirtiendo y potenciandolo como principal recurso para la innovación convirtiéndolo en un producto que hay que incrementar y monitorear. Aunque es inconmesurable (no se pueda medir) el conocimiento de una nación, los resultados pueden verse en a través de sus innovaciones e impacto económico mundial. En cierto sentido el conocimiento que debe desarrollar el estado ha de ser pragmático.



*Para leer el artículo: http://www.oei.es/salactsi/david.pdf

Humanista, filósofo de la tecnología, la ciencia y el arte. Con insteres en los temas de actualidad que promueven el desarrollo humano, sostenible y creativo.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Advertisement

¡Animate! escribeme algo
Manuel Made
www.manuelmade.com
Santo Domingo, R. D.