enero 22, 2019

Niños teorizando, escucharlos es cosa de sabio

Foto descargada de pixalbay.com

Quizás en alguna ocasión ha escuchado a alguien decirle a otro, o posiblemente tú lo has dicho, “no teorices”. Esto puede ser irritante para alguien que intenta compartir alguna idea, pero aún más para un niño que está tratando de organizar sus ideas en un intento de estructurar las informaciones que circulan en su pequeño cerebro. La interrogante que nos sugiere tal acción es ¿de dónde nace la idea de bloquear a los demás de esta forma? Posiblemente no sabremos su génesis, pero si sabemos que los que la usan no tienen idea de lo que es “teorizar” realmente.

En estos párrafos no nos centraremos en explicar en profundidad que es “teorizar”, no vaya a ser que alguien redunde diciéndo, “no me teorices”. Lo que trataremos es de ver como en la niñez la acción de teorizar, si así se puede llamar, demuestra ser una capacidad humana para entender y comunicarnos con el mundo que nos rodea y como algunos de los más grandes pensadores de la historia han sabido aprovechar la voz de los infantes para plantear sus teorías sobre el conocimiento y aumentar su creatividad. Por último, concluiremos reflexionando algunas de las razones por la que actualmente se les cohíbe a los niños de tan bella virtud.

Siendo profesor de un colegio en el que les impartía clases a niños de diferentes edades, recuerdo que varios niños iban al salón de profesores a buscarme para hacerme preguntas o contarme inquietudes que me dejaban pensativo todo el día. Pero también recuerdo claramente como varios profesores les impedían acercarse a la puerta del salón y les echaban profiriéndoles expresiones humillantes, alegando que estaban en su hora libre y no iban a escuchar tonterías de niños. De estas experiencias hacen ya trece años y cada vez me convenzo de que debemos sacar tiempo para escuchar a los niños. Puedo decir que no he estado solo en esta tarea, hace mucho tiempo grandes pensadores de diferentes áreas del conocimiento ya lo hicieron.

La ingenuidad y la criticidad que coexisten en el cerebro de los niños es sorprendente. Es una batalla que, a veces, los adultos ignoramos y somos atrapados infragatis cuando el nivel crítico del niño trasciende su ingenuidad en la observación de hechos y realidades incoherentes que reflejan algunos relatos que les intentamos infundir. Entre estas observaciones podemos citar las historias sin sentidos de los cuentos infantiles, las incoherencias religiosas, las mentiras mal fundadas que los padres les tratan de inculcar, etc. El silencio del niño, por respecto al adulto, no explica que su cerebro este en un estado pasivo, sus reflexiones en algún momento les harán estallar, ya sea a través de acciones concretas que desmientan lo que les contamos o por la forma como este interprete la realidad y construya su personalidad en sumisión o rebeldía.

Jean Piajet, Simung Freud, Jean J. Rosseau, John Holt, entre otros, desarrollaron sus más grandes aporte a la psicología y pedagogía desde la observación de los niños. Picasso se atrevió a decir que, “Me tomó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”. El minimalista cerebro de los niños, libre de la contaminación de información producto de los años que tenemos los adultos, los convierte en un terreno fértil para la creatividad y el desarrollo constante de novedades, algo que los adultos obviamos enredados en nuestros afanes.

El ejercicio de escuchar a los niños puede ser terapéutico para los adultos. Los profesores nunca serán maestros si no se sientan a escuchar las historias y cuentos que los niños recrean en el balbuceo que emana de su inocente pensamiento. En la investigación pedagógica y psicológica es considerado fundamental escuchar a los niños, sin embargo, en el diario vivir cuando ésta se hace sabiamente puede ayudarnos a identificar elementos que los adultos desconocemos y que pueden ser nos útil para entender mejor nuestro mundo, la interacción con ellos y la mejora de nuestra calidad de vida.

Cabe aclarar, que el silenciar a los niños es una de las manifestaciones de las sociedades patriarcales, en donde las mujeres y los niños son inferiores a los hombres. Esta actitud se sigue reflejando en algunas sociedades actuales. Silenciar la voz de los niños, en el caso extremo de esas sociedades, es una violación a uno de los derechos fundamentales de la niñez. Este es un tema que amerita mayor profundización, pero hay ciertas obviedades que suelen pasarse por alto en sociedades que profesan estar articuladas como “estados libres”.

Aunque no se pueda catalogar las argumentaciones que hacen los niños como teoría científica sistemática, sería ingenuo pensarlo, si se pueden entender como premisas de un conjunto de elementos más complejo que no se deben ignorar. Pienso que es inteligente sentarse a escuchar a los niños “teorizando” y haciendo preguntas, que luego ellos la convierten en un bucle de preguntas hasta llegar al infinito que, en ocasiones, fuerzan a uno a resolver cuestiones que nunca la había pensado y que gracias a la mente ingenua de un niño pudimos encontrar una idea novedosa y creativa o, por demás, conocernos a nosotros mismos y entenderlos mejor a ellos.

Humanista, filósofo de la tecnología, la ciencia y el arte. Con insteres en los temas de actualidad que promueven el desarrollo humano, sostenible y creativo.

2 comentarios:

  1. Cuando uno empieza a escuchar sus comentarios y las preguntas de las niñas y los niños, inmediatamente surge la otra pregunta de los niñ@s Y por qué, y para qué?. Interesante artículo Manuel Made. un abrazo.

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  2. Gracias Ana María por tus comentario. Así es, los niños no tienen limites para hacer preguntas, nosotros los adultos estamos más atados a las fronteras del cuestionamiento que nos han impuesto la sociedad.

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Manuel Made
www.manuelmade.com
Santo Domingo, R. D.